Más Allá de la vida o más allá del tedio. A veces las películas no son lo que parecen y viendo los avances y trailers que podemos disfrutar tanto en internet como en nuestro cine habitual nos pueden llegar a confundir y tener una visión totalmente diferente de lo que podemos llegar a ver una vez que nos aposentemos en nuestra butaca para disfrutar de un nuevo film.

Más Allá de la vida es un claro ejemplo. El gran director Clint Eastwood ha realizado una película en la que la vida de tres personajes se van enlazando poco a poco. Un medium que desea llevar una vida normal dejando atrás su pasado con los muertos (genialmente interpretado por Matt Damon, el único que se salvaría de mi particular hoguera contra esta película), una periodista francesa que sufre una experiencia cercana a la muerte en una trepidante escena de Tsunami asiático (pero con demasiadas escenas digitales) y el hijo gemelo de una mujer con problemas de drogodependencia.

Vamos saltando entre uno y otro personaje, viendo como cada uno realiza su vida normal y trata de superar sus problemas cotidianos durante hora y media: el medium queriendo adaptarse a su entorno y trabajo, la periodista que quiere narrar sus vivencias y se encuentra con trabas para ello, y el niño pequeño que trata de superar la ausencia de un hermano perdido. El tedio comienza a generalizarse al cabo de una hora, al darnos cuenta que no estamos viendo una película sobre el Más Allá o experiencias cercanas a ella, sino tres vidas separadas que por una u otra razón se acaban cruzando, cuyo motor de existencia es la el ángel oscuro, la muerte.

La forma en la que los tres personajes se encuentran está cogida con pinzas, y la película desde el principio es totalmente previsible, porque el guionista, Peter Morgan, no sabe hacer bien su trabajo. A la última media hora de tedio, perdón... quería decir de película, ya entendemos de que va todo esto: es una historia de amor de final feliz donde los tres personajes alcanzan “la paz” espiritual.

Personajes atormentados por el ángel descarnado de la noche haciendo vidas normales, pero cada uno con su propia batalla personal: hacer una vida normal, contar una vivencia y sobreponerse a una pérdida personal. La película es un viaje, un viaje agrio y aburrido pues no hay chispas de genialidad o escenas emotivas. Matt Damon hace lo que puede, mientras que la periodista francesa, al hablar la mitad de la película en su idioma natal nos aleja de ella para hacerla distante, y pasarse más de la mitad de la película leyendo subtítulos para aquellos que no entendemos el idioma galo resulta cansado, más cuando no te has llevado las gafas para ver la proyección.

En definitiva, espero que no vayáis a ver esta película, porque estando los tiempos como están no merece el dinero que paguéis por ella. Espero que el señor Eastwood se lea los guiones antes de hacer una nueva película, porque desde luego, esta no está realmente a la altura.
 

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